Chile, estrecho y largo.

Chile, estrecho y largo, así he titulado esta entrada. Ciertamente la geografía del país me otorga las palabras para comenzar a escribir lo que aquí he vivido.
Mi partida a Chile fue un poco inesperada y desorganizada. En un abrir y cerrar de ojos me ví de momento en este inmenso país. La vida me ha dado oportunidades que no debo desaprovechar, por lo tanto heme aquí.
Esta cuestión de lanzarse sin preparativos y con muchas expectativas en cierto modo irreales, me dio un golpe muy grande. Jamás pensé que yo, la que siempre se ha creído la más viajera y aventurera, tendría un deseo inmenso de regresar a su país. Me sentía que no encajaba rodeada de cuicos – equivalente a guaynabitos de ojos claros, pelos rubios y lacios, pieles “flawless” y buen físico-  en Santiago, sola y desamparada… (que trágica, no?) Mis primeros encuentros con chilenos fueron hostiles, desde peliarme en una fila por exigir mi cambio, hasta peliarme en el “frontdesk” por exigir que nos arreglaran el aire acondicionado que llevaba  una semana sin funcionar. Sentía que no encajaba y que no soportaría el estar aquí durante un mes.
Al pasar el tiempo, contacte a amigos de amigos acá en Chile y la historia comenzó a cambiar. Resulta que tuve la mala suerte de tener contacto con tres personas agriadas de seguido y la realidad es que aunque le falta el calor caribeño, tienen la hospitalidad latina que nos identifica. De repente la gente comenzó a sonreirme, a darme información sin cara montada, a montar conversaciones conmigo en el metro, a hospedarme en sus hogares, a enseñarme los chilenismos e inclusive a darme pon de una parada hasta la estación del metro. Sucede que lo estrecho paso a ser largo.

 

 

Bandera Chilena frente a La Moneda

 

Estación del Metro en Santiago
 
Edificios al rededor de la Plaza de Armas en Santiago.

 

Los Andes junto con el símbolo fálico de Santiago, que no es un obelisco.

 

Mercado Central

 

Mazamorra, plato muy común en Chile hecho de maíz y habichuelas.
Los perros de Santiago, que nunca pueden faltar.

 

Fuente en el Cerro Santa Lucía, Santiago.

 

 

 

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